Desde hoy soy, oficialmente, un parado.
Esta mañana me he inscrito como demandante de empleo ¿Que bien suena verdad? ¡Demandante! Es casi como arquitecto, dentista, taxista o taxidermista.
En un país en el que una de cada cuatro personas en edad de merecer (de merecer trabajo me refiero) busca un empleo, no cabe duda que ser "Demandante" empieza a ser un oficio.
Pero no escribo este post para hablar del paro, ni del empleo, ni de la reforma laboral ni de nada de eso que nos cuentan los telediarios, sino para analizar el avanzado sistema de regulación que rige en algunas oficinas del paro como la mía. Una maquinaria perfecta, casi suiza, casi de chiste.
Me he plantado en la oficina a las ocho de la mañana. Esperaba una cola enorme, de esas que salen en las noticias y que suelen dar la vuelta a la esquina. No ha sido así. Solo había tres personas más esperando. Una chica joven, una señora mayor (más mayor que yo) y otra señora rollo MILF que me ha alegrado la mañana.
Si fuese del PP diría que no me he encontrado una gran cola de espera porque ya se están viendo los frutos de la política de Rajoy, porque España, como diría Ansar, va bien y porque nuestro gobierno ha presionado a Merkel para que pase por el aro.
La verdad, sin embargo, es que sólo eramos tres porque yo me he equivocado de hora. Las puertas del INEM, para quien no lo sepa, se abren a las nueve.
Así pues he estado una hora dándole al móvil hasta que he agotado los megas, que por contrato, tengo asignados con mi compañía.
A las 8:45 en punto ha aparecido por la puerta una señorita, a la que podríamos llamar chavala, si no fuese por el uniforme.
Hablaba argentino. En realidad hablaba español con acento argentino, pero bueno, si los valencianos hablan valenciano, los mallorquines mallorquín y los catalanes catalán,, sobran argumentos para afirmar que la señorita, chavala o caballera hablaba argentino.
La vigilanta que no se parecía en nada a Pamela Anderson en sus tiempos con Hasselhoff se ha dirigido a cada uno de nosotros con educación pero con un tono imperativo, casi marcial, preludio de lo que estaba por venir.
-Buenos días - Me ha dicho con ese acento arrastrado pero manteniendo un tono seco y distante.
-Buenos días - He respondido más pendiente del Angry Birds que de lo que me decía.
-¿Que gestión va a hacer? - Ha preguntado mirando sus papeles
-Voy a inscribirme como demandante
-¿Demandante de empleo?
He estado tentado de contestarle que "No" Que lo que realmente quería demandar era un rescate por valor de unos 62.000 millones de euros a devolver en condiciones.... ¿Como dijo de Guindos?... ¡Ah, si!... En condiciones "muy ventajosas". O eso, o una cita guarrona con la señora de culo perfecto y escote abundante que me precedía. Por suerte aún no me había tomado el segundo café y he preferido callar.
-Pongase en esta cola - Ha indicado señalando un punto indeterminado en el centro de la acera.
Y así ha seguido hasta completar la fila que, a esas alturas de la mañana, ya era de unas cincuenta o sesenta personas.
Al final hemos formado cuatro hileras, rectas como las de la legión, perfectas, simétricas. La situación pedía un plano cenital o cuanto menos un contrapicado.
Cuando ha acabado se le ha notado que el cuerpo le pedia decir "¡Fiiiirmes!" pero se ha contenido.
Mientras esto sucedía, un señor muy bien parecido al que la señora de delante, la del cuerpo perfecto, no paraba de mirar, se ha sentado con su carpeta de demandante, en el capó de uno de los coches que había aparcado delante de la oficina.
Cuando la vigilanta lo ha visto, sin perder el tono arrastrado y seco, le ha preguntado
-¿Que gestión va a hacer?
-No, si yo ya... me dijo que viniese y pasase - ha respondido con un acento magrebí muy elegante y afrancesado
-¡Ya! ... - La interjección no presagiaba nada bueno- ...pero es que las normas son que si viene ahora ha de hacer cola señor.
-¡Pero el otro día no hice! - Ha exclamado el magrebí, presuntamente argelino.
-Porque no vendría a esta hora - Le ha respondido la otra sin cambiar ni el tono ni el talante
-¿Entonces si vengo dentro de media hora no hago cola y ahora si? - Ha preguntado indignado
-Así es
-¡Esto es una gilipollez! - Ha indicado con asaz acierto y un notable enfado.
-Puede, pero las normas las ponemos nosotros y son esas.
El presunto magrebí (y digo lo de presunto porque lo único que delataba su procedencia era el acento y uno siempre puede errar en estas cosas) se ha ido al final de una de las cuatro colas maldiciendo, a lo que la señora mayor que estaba allí desde antes de las ocho ha apuntado para que la oyéseos todos.
-¡Como se nota que es moro y no le gusta que le manden las mujeres!
Cuando ya todos estábamos dispuestos, formados, alineados y prácticamente militarizados, ha venido lo mejor.
La responsable de aquel orden se ha dirigido a mi y me ha pedido que abriese un hueco. Lo mismo a la persona que tenía en la cola de al lado. Seguidamente, los de la fila más cercana a la calle han pasado por ese hueco en silencio y orden. Me ha recordado a una coreografía de Esther Williams pero sin piscina ni gorro de baño floreado. Luego han entrado los de la fila más cercana a la pared, luego nosotros y luego los de al lado. Espectacular.
Tal que así ha sido el movimiento que hemos hecho esta mañana.
Como en unas maniobras de la mili.
Espectacular y efectivo porque cuando he llegado a mi ventanilla era el primero. Allí estaba la vigilanta, casi sonriente. Por un momento he estado a punto de darle las gracias pero cuando iba a hacerlo la señorita ha mudado el rostro, ha lanzado rayos por los ojos y tras un exabrupto ha exclamado mirando a un señor con bermudas, sandalias y bolsito de playa que acababa de llegar
-¡Joder, joder joder! ¡Es que siempre se cuela alguien!
Y si esto no es una metáfora de lo que sucede en este país que resucite Mariano José de Larra y lo vea.
Feliz verano.

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